El
cáncer se lleva al presidente de Coca-Cola Roberto Goizueta
De origen cubano y de descendencia vasca, era el hispano más
rico de EEUU.
Nota de prensa
Roberto Goizueta, presidente de Coca-Cola, murió el 18 de Octubre
de 1997 a los 65 años de edad. Un cáncer de pulmón
acabó con la vida del hispano más rico e influyente
de Estados Unidos.
Goizueta enderezó el rumbo de una compañía paralizada
cuando tomó el mando en 1981 y se convirtió en el símbolo
del capitalismo norteamericano al escapar del comunismo de su Cuba
natal para pasar a liderar la marca más internacional y reconocible
del mundo.
A
Goizueta, un fumador compulsivo durante toda su vida, le fue diagnosticado
un cáncer de pulmón hace apenas un mes. No dejó
de trabajar, pese a que se sometía a un tratamiento de radiación.
El pasado lunes ingresó de nuevo en un hospital de Atlanta
con una infección en la garganta. Debilitado por la quimioterapia,
su condición se volvió crítica, hasta que ayer
por la mañana se anunció su fallecimiento.
Los doctores explicaron que la terapia para combatir el cáncer
redujo su sistema inmunológico de forma muy importante. Por
el momento se desconoce dónde se llevarán a cabo los
funerales y el lugar en el que será enterrado.
Goizueta,
que era presidente del consejo directivo y de la corporación
de Coca-Cola, se distinguió durante su mandato por adoptar
estrategias atrevidas que revitalizaron la marca: racionalizó
los sistemas de embotellamiento y distribución; expandió
el producto en los mercados de China, India y la antigua Unión
Soviética, y adoptó tácticas agresivas que ayudaron
a disparar la cotización de Coca-Cola en Wall Street.
Cuando en 1985 se hizo cargo de la empresa, su valor en el mercado
bursátil era de 750.000 millones de pesetas; ahora es de 22
billones. Los ingresos se cuatriplicaron hasta los 2,8 billones actuales.
"Roberto era un hombre de sabiduría y de una visión
incomparable", indicó James Williams, miembro del consejo
de dirección de la compañía. Uno de los grandes
éxitos de Goizueta fue la introducción en el mercado
de la Coca-Cola sin cafeína.
Pero tuvo también un sonado fracaso: el cambio de la fórmula
tradicional de la bebida por una más dulce y cercana en el
gusto a Pepsi. Las protestas fueron tan estruendosas que a los tres
meses se vio obligado a lanzar la Coca-Cola Classic con el viejo sabor.
La polémica atrajo la atención de los medios de comunicación
y hubo sospechas de que todo fue en realidad un montaje premeditado.
Goizueta pasará en ese sentido a la historia de la compañía
por haber autorizado el lanzamiento de la Nueva Coke, que fue un fracaso
y tuvo que ser retirada del mercado ante las protestas de los consumidores
y por Diet Coke que, por el contrario, ha sido un enorme éxito.
El empresario nació en el seno de una opulenta familia cubana,
propietaria de una refinería azucarera. Tras titularse como
ingeniero químico en la universidad de Yale, retornó
al negocio familiar de Cuba, donde sólo duró un año.
Decidió abrirse camino por su cuenta e ingresó en la
división cubana de Coca-Cola en 1954. Ahí permaneció
hasta la revolución de Fidel Castro. En 1961 marchó
con su esposa y tres hijos a Atlanta, la sede central de la marca,
dejando atrás todos los bienes familiares.
Su ascenso fue continuo, hasta alcanzar el puesto más alto.
Según la revista Forbes, Goizueta poseía una fortuna
de 200.000 millones de pesetas. Doug lvestor, que fue elegido como
director general de la corporación en 1994, se espera que sea
el sucesor de Goizueta.
Extracto de referencia sobre Roberto Goizueta en el libro "Dios,
Patria y Coca-Cola" escrito por Mark Pendersgrat.
Roberto
Goizueta fue designado presidente el 30 de Mayo de 1980. Todos quedaron
sorprendidos, ya que Don Keough parecía ser la otra opción
después de Wilson. Político astuto, aunque experto
en mercadotecnia, Keough era el mejor orador y motivador desde Harrison
Jones, y podía "leer la guía telefónica
y hacerle emocionar", como señaló un admirador
suyo. Por otro lado, Goizueta era un técnico sin experiencia
operativo, que hablaba con un vago acento, una mezcla curiosa de
cubano y sureño. Resultaba extraño que un químico
latino fuera a manejar la Compañía que fabricaba el
más norteamericano de los productos. Con todo, el personal
antiguo, como Joe Jones, no estaba tan sorprendido.
Con 48 años Goizueta, un consumado político empresarial
había escalado posiciones rápidamente dentro de la
Compañía desde su ingreso en Atlanta en 1964. Y lo
más importante "se había movido" muy cerca
de Woodruff en el último año, reuniéndose con
él todos los días para almorzar en su salón
comedor privado.
Goizueta halagaba la vanidad de Woodruff, pidiéndole su opinión,
reconociendo su experiencia. El Jefe, a su vez, llamaba a Goizueta
su "socio", percibiendo algo en él que le recordaba
su propia trayectoria cuando se hizo cargo de la Compañía.
Como Woodruff, Goizueta, hijo de un hombre muy rico, había
iniciado su carrera fuera de la empresa familiar. Criado en la mansión
principesca de su abuelo, solventada por los ingresos que producía
la plantación de caña de azúcar, había
crecido en una cultura que valoraba la tradición y la experiencia
de los mayores. Goizueta disfrutaba de las atenciones de su abuelo
y su conversación todavía estaba impregnada de los
proverbios cubanos que había aprendido de él.
En Woodruff, Goizueta encontraba otro anciano instruido. Si bien
su devoción hacia el Jefe era políticamente útil,
probablemente también fuera sincera.
Los aforismos simplistas de Woodruff le recordaban a los de su abuelo,
y la cultura sureña tenía cierta similitud con las
buenas costumbres sociales que había adquirido en Cuba.
Cuando los periodistas indagaron en el pasado de Goizueta tratando
de encontrar al triunfador insospechado, descubrieron a un hombre
notablemen inteligente. En 1948, cuando Roberto Goizueta, de dieciocho
años, asistía a prestigiosa Academia Cheshire de Connecticut
en su último año de estudios, no sabía inglés.
Aprendió el nuevo idioma viendo las mismas películas
una y otra vez, mientras incorporaba los valores norteamericanos,
junto con el lenguaje. Su disciplina, unida a su memoria casi fotográfica,
le ayudaron a detacarse. "Mi profesor decía que la estructura
de mis oraciones era textualmen perfecta". La única
manera que tenía para transmitir adecuadamente un concepto
era memorizar, palabra por palabra, párrafos enteros. Por
increíble que parezca, hacia fin de año pronunció
el discurso de despedida. Más tarde se graduó en el
décimo puesto de su promoción en la Universidad de
Yale. Los asociados de Coca-Cola consideraban a Goizueta como un
empleado con dedicación, impecablemente vestido, que cuando
se iba dejaba su escritorio despejado todas las tardes. Nunca fue
un investigador brillante, era hábil administrador, un perfeccionista
que reparaba en cada detalle. "Sabía donde estaba cada
hoja de papel en la oficina", recordó un compañero
de trabajo.
Las maneras corteses y amables de Goizueta, y su apariencia atractiva,
encubrían lo que algunos llamaban una naturaleza insensible,
pero compensaba los resultados, y jamás asumió una
posición absolutista, citando uno de los proverbios de su
abuelo: "La índole de los compromisos personales es
mucho más importante que la veracidad de la posición
asumida". Sumamente pragmático y algo cínico,
en una ocasión señaló: "Es un buen indicio
que los seres humanos actúen en su propio interés
casi todo el tiempo". Si bien Goizueta reprimía sus
emociones mediante un severo control de sí mismo -"su
estado de ánimo se traslucía como un cristal",
declaró un socio de la Compañía- el hecho de
encender un cigarrillo tras otro, junto con un ligero temblor de
la mano, tracionaban su aparente tranquilidad. Al margen de su trabajo
y familia tenía pocos intereses además de la natación
y la lectura amplia pero superficial.
Un poco incongruentemente, el refinado cubano también había
desarrollado una afición por la música popular sureña.
Cuando le preguntaron qué habría hecho en su vida
si no hubiera sido el presidente de Coca-Cola, Goizueta dio una
respuesta absolutamente inesperada: "Probablemente habría
sido un buen profesor en una cátedra de administración
de empresas.
"¿Qué habría enseñado?"
- Seguramente no "In Search of excellence" u otros textos
de administración muy populares, sino "Los hermanos
Karamazov" y " El Evangelio según San Lucas".
Su respuesta reveló no solamente sus gustos eclécticos
en materia de lecturas, sino una profunda preocupación filosófica
y religiosa. A pesar de eso, la religiosidad del directivo de Coca-Cola
no le hizo volver la otra mejilla.
Cuando le preguntaron cuál era su mejor rasgo, Goizueta no
destacó su fe en Dios, sino su mente incisiva, su percepción
intuitiva y su capacidad gerencial. "Soy muy tenaz". Su
peor defecto dijo que era la impaciencia. Estos dos rasgos juntos
configuraban a un individuo que prefería una ofensiva bien
planeada antes que la pasividad.
Tras
unos días de luto por la muerte de su presidente, Coca-Cola
nunció a su sucesor: Douglas Ivester. Ivester, considerado
un negociador implacable y voraz, era el brazo derecho de Goizueta
y tenía la labor, según los expertos, de reforzar
la presencia internacional de Coca- Cola.
Sin embargo, Ivester no duraría mucho...
En nombre de todos a los que nos une una misma pasión...
Descansa en Paz Roberto
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